jueves, 24 de diciembre de 2015

LAS ACTITUDES Y LOS MANERISMOS

Cuando era niño recuerdo que mi abuelo decía que si un hombre al peinarse se miraba al espejo ya era medio maricón. Y que si se miraba y peinaba más de dos veces en el día podía comérsela doblada. Con mi padre era distinto, notaba que cada mañana él pasaba cinco o seis minutos peinando su cabello frente al espejo antes de salir a la oficina y decía que quien usaba productos en el cabello ya era medio rarito.


Una habitación más a la izquierda, años más tarde, mi hermano mayor se miraba al espejo, usaba gel y cepillo en vez de solo peinilla, salía bien peinadito a su trabajo o a visitar a su novia y decía que quien usaba tintes o permanentes en el cabello volaba con plumas propias y de todos los colores. 

Con esas formas de pensar y actuar arcaica de mi abuelo, mojigata de mi padre y acomodada de mi hermano – crecí sintiendo un poco de culpa , y un poco de vergüenza pues siempre tuve un espejo cerca de mí, más de un producto capilar y mucha, mucha vanidad por mi cabellera siempre negra y rizada que, aunque, la condena familiar por tal actitud no se hizo esperar, seguí y sigo cuidando mi cabello como a mi propia vida, tal vez tratando de convencer a mi abuelo, padre y hermano, que no es tan malo esto de cuidar un poquitín el aspecto físico, lo cual espero que a sus ojos no me convierta en una “loca arrebatada”.

Los manierismos son típicos de cada época y propia de cada género. En el caso de nosotros los hombres, estudios antropológicos revelan más de una explicación para los maneriesmos a lo largo de la historia. Recordemos que no necesariamente el que es amanerado es homosexual y viceversa. En la época grecoromana, por ejemplo, se consideraba al manerismo masculino como una muestra de esteticismo y era algo digno de admirarse en un hombre. Recordemos a Petronio, el arbitrum elegantiare, inefable y mordaz consejero de nerón emperador de Roma. En la cultura egipcia, la cabeza rapada, los labios definidos y los ojos, pestañas y cejas pintadas eran señal de linaje y no de mariconada. Incluso en algunas culturas tribales africanas de la más reciente incidencia histórica, el tatuado masculino en los ojos, labios y pies mostraba el respeto hacia grandes y valientes guerreros y el uso de faldas largas era un verdadero privilegio de muy pocos. 

Hoy en día, ninguno de esos rasgos de culturas antiguas, los heredó nuestro mundo occidental, el cual “involucionó” dos mil años en este aspecto, haciendo del mundo estético algo exclusivo para mujeres y criticable en los hombres. En cuestión de la “cultura homosexual”, considero que los maneriesmos son, a pesar del tiempo transcurrido y de los arcaicos roles de género impuestos por las sociedades y más aún el hecho de verse femenino o sentirse “toda una mujer” elementos naturales de una presencia y estilo estéticos.

En el ambiente gay, como en botica de barrio, existe de todo un poco en cuanto a amaneramientos se refiere. Desde aquellos que nos hacen ver más mujeres que la Zeta Jones protagonizando “Chicago”, hasta aquellos otros que nos permiten presumir nuestra condición de “bien machitos”…aunque sabido es que una y otra posturas extremas son un mito a la hora de identificar roles en el actos sexual. Aquellos que nos hacen sentir en una pasarela cuando caminamos y los que a duras penas nos hacen arrastrar los pies para desgarbar el paso y sobre cuyos ecos, podemos encasillar a varios de nuestros colegas de comunidad, desde aquellos  que cuidan los modales como a su propia vida hasta los que si pudieran agarrarse los huevos en  público y escupir 10 veces por minuto lo harían con gusto. Eso sin contar con la extensa lista de ROG´s (Rasgos Obviamente Gay) que existen y que nos identifican y a la vez nos diferencian. Es tanto así que, ¿Quién no tiene un amigo o conocido fuerte?

Como mencioné, estos signos externos de la personalidad por lo general no tienen relación con tendencias sexuales ni con roles de género, sino con “identificación social”. Si hay algo que agradecer del aparecimiento del internet, es la gran cantidad de información que proporciona sobre la evolución de las sociedades modernas en cuanto a temas como este. Y aunque cierto es que una sociedad tan poco ilustrada como la nuestra, es menor el prejuicio sobre los hombres que sin ser gay, buscan mejorar su aspecto externo, volviéndose un poquito más fuertes a los ojos de los demás. También es cierto que quien se siente y se sabe gay, muchas veces, queriéndolo o no, se ve gay. Simple y sencillo.

No es coincidencia que el mundo esté cambiando y hoy en día es  más frecuente ver a hombres asistiendo a spas y centros de belleza en busca de algo más que el solo corte de cabello. Existen tratamientos cosmetológicos, capilares y de belleza exclusivamente para hombres; revistas de moda y salud masculinas, líneas de ropa que ayudan a resaltar sus formas físicas, figura y personalidad. Considero que esto ha sido más que aprovechado por los hombres gay. En esta búsqueda, y mientras no se popularicen estos recursos modernos, la búsqueda gay por lo estético estará centrada en todo tipo de producto que nuestras madres, hermanas y mujeres utilizan para verse regias… mascarillas, maquillaje, depilaciones, dietas, ejercicios, hasta que desaparezca el tonto prejuicio que conlleva que un hombre haga lo mismo a título personal.

Como dice Byron, mi amantísimo hijo a nivel de ambiente gay, esto de la evolución estética en la esfera del ser masculino nos obliga a crear una nueva definición en el gaycionario público autorizado la del “fuertétero” aquel machillo bien cuidado que aunque viéndose “fuertecito” conserva aún una tendencia heterosexual. Mientras esta cuestión de los roles, las actitudes y los manerismos se vaya aclarando, con el paso del tiempo, conformémonos con ver desde nuestro cómodo asiento de mesa de restaurante, barra de bar o pasillo de centro comercial, a cuanto hombre guapo pase por delante nuestro y sigamos deleitándonos con su agradable aspecto físico; y tal vez, obtengamos un mayor deleite al descubrir que el cruce de miradas con éstos pueda ser accidental.

¡Buen provecho!

Cosme Córdova A.




1 comentario:

Juliette Taylor dijo...


Sensibilidad, cuidado, belleza, perfección, palabras estereotipicamente utilizadas "en" y "para" mujeres por aculturación o en homosexuales (mito), pero esto no es así. Cada persona es libre de hacer lo que guste siempre y cuando no se haga daño a sí mism@ y/o a otr@s personas.
Educar a las nuevas generaciones dentro de una cultura de respeto y buen trato se convierte en nuestra responsabilidad. Desmontar estos mitos es tarea de trabajo personal en terapia.